En el 4.000 a.C., los viñedos ya poblaban la tierras griegas, aunque su desarrollo más significativo no llegó hasta los siglos XIII y XI a.C. La importancia del vino se demuestra en la Grecia clásica, que adoraba a Dioniso, entre otros aspectos, dios de la vid y el vino. Y tan larga tradición vinícola ha llegado a nuestros días con vinos como la famosa y antigua Retsina, además de una amplia gama anclada sobre las numerosas variedades autóctonas de Grecia

Tipos de vinos de Grecia

El cultivo de vid en Grecia ocupa unas 150.000 hectáreas, de las cuales aproximadamente la mitad dan sus bayas para consumo de uva fresca o pasa.

Para la vinificación entran en juego uvas tan internacionales como chardonnay o sauvignon blanc entre las blancas, y cabernet sauvignon, merlot, cabernet franc, syrah o garnacha entre las tintas. Pero estas se mezclan con la fuerza y la personalidad que les dan las cerca de 300 variedades autóctonas de Grecia.

Su mayor producción es de vinos blancos (alrededor de dos tercios). Y podemos hallar gran diversidad entre los mismos. En el Peloponeso, por ejemplo, podemos ir del aromático vino blanco de Mantinia, elaborado a partir de la uva moscophilero, hasta los blancos secos de Patrás, a base de la variedad roditis. En el centro, Ankialos destaca también por sus vinos blancos secos a base de roditis y savatiano, pero podemos encontrar también vinos blancos de aguja en Zitsa. En las islas también encontramos vinos blancos fuertes, como los de la denominación de origen de Rebola (en la isla de Cefalonia), los de la isla de Santorín (a base de la variedad assyrtico) o los de Rodas (a base de la variedad arhiri).

Los vinos tintos representan una menor producción en Grecia, y están especialmente presentes en el Norte, en Macedonia y Tracia. Pero también los podemos encontrar en el centro, por ejemplo en Rapsani, cerca del monte Olimpo. Y en el Peloponeso destacan los vinos tintos afrutados Nemea, elaborados cerca de Corinto.

Grecia también elabora vinos licorosos, con uvas tan mediterráneas como el moscatel, como en la isla de Lemnos o en Patrás (Peloponeso).

Retsina, el vino griego por excelencia

Pero sin duda, el buque insignia de los vinos griego es el Retsina. Este supone alrededor del 10% de su producción y es un vino antiguo, cargado de tradición. Se elabora sobre todo a partir de las variedades blancas rhoditis y savatino, y se caracteriza porque es un vino aromatizado con resina. De ahí su nombre.

En la Antigüedad, los vinos se transportaban en ánforas de barro cocido. Y las sellaban con yeso y resina, de modo que se garantizaba que no se perdiera el caldo. A su vez, con ello también evitaban la oxidación del vino y, por tanto, se conservaba mejor. Pero como en aquella época no sabían que el oxigeno podía degradar el vino, le atribuyeron la mejora en la conservación a la resina. Por ello se adquirió al costumbre de agregar resina de pino al vino ya elaborado. Y así, lo que hicieron fue aromatizarlo.

Hoy día, Ática es la región que se reconoce por las mejor Retsina del país, aromatizada con la resina del pino de Alepo, y junto a Beocia y Eubea, componen las zonas de principal producción de este característico vino griego. Además del aroma a pino, los Retsinas tienen notas frutales a manzana y una mineralidad salina. Se toman como aperitivos, y maridan bien con platos de mar.

Degusta la gastronomía griega


Escrito por:uranda

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