El color del vino nos permite saber acerca de su edad y su evolución en el tiempo, e incluso detectar si el vino ya ha perdido ese punto óptimo de degustación. Fijémonos para ello en las tonalidades básicas de los vinos tintos.

Del violáceo al caoba se abre toda una gama de colores en los vinos tintos en la cual, la brillantez del color nos habla de vinos más jóvenes, mientras que los vinos viejos suelen ser de brillantez más apagada.

Púrpura. A menudo se presenta con reflejos violáceos y es un color característico de vinos jóvenes.

Rubí. El tono granate en el vino nos indica que ha iniciado su desarrollo, con una crianza de dos o tres años.

Rojo. Intenso y vivo, el color rojo invita a probar un vino que, por su color, nos dice que está en su mejor nivel de desarrollo para probarlo.

Caoba. Este color nos puede decir dos cosas: o que estamos ante un vino de edad considerable o bien que el bien se ha oxidado. La oxigenación es un proceso que facilita el desarrollo del vino durante su crianza en barrica, pero si en botella el vino entra en contacto con demasiado oxígeno, se oxida, modificando color y sabor (ver aquí cuatro razones por las que se pone malo).

Teja. En los vinos de larga guarda, el color teja nos habla de su evolución positiva. Pero si el color teja tiende a decolorarse, nos está diciendo que ha pasado el momento óptimo para beberlo y está en declive.

Y para saber sobre los vinos blancos



Escrito por:uranda

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